martes 10 de noviembre de 2009

Mujer sentada

Qué terribles amores no suscitaría el pensamiento, si hiciera ver por sí mismo una imagen sensible que fuese clara. Platón.

Me siento sobre un campo sembrado de zanahorias, pero en realidad estoy sentada sobre el césped del Jardín Thays. No sé cuántos años tengo. Lo importante es que estoy en el césped, sentada, bajo el sol, leyendo La mirada del retrato, de Nancy. (Recién pasó volando un abejorro). Mi única compañía es un copete. Suena gracioso. Es una planta con flores naranjas con forma de ¿copete?. La compré por cinco pesos hace una hora. Ella está en su maceta y yo en la mía. Creo que nos entendemos bastante bien. En este momento me pienso como un retrato de mí misma que todos pueden ver. Salvo yo, por más veces que intente vislumbrarme en el espejo de los estanques, o en los vidrios del invernadero. Como soy un retrato, no puedo desdibujarme a mí misma para no ser vista. Tampoco es que eso quiera... Me está empezando a doler la cabeza. Creo que me estoy insolando. Soy un retrato insolado. Mejor me voy a la sombra. Un poco de oscuridad me sienta bien y quizá incluso pase desapercibida, y, sin que nadie se avive, me desdibuje bajo aquel pino.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

pese a que ya te di mi opinion no queria dejar de escribir aca...
aunque no diga nada en particular, queria dejar mi señal de vida

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qui est en train de lire le train de mes mots?